El amor que te digiere, dos que finalmente son uno solo

Foto de Daniel Tafjord en Unsplash

¿Cuantas identidades más morirán por sobredosis de ternura, asfixiadas por besos y dulzuras?
Por: Ps. Juliana Eraso

Tras ver pasar una y otra vez por mi diván diversidades femeninas con la vida marcada por los “demás”, diversidades que unifican el concepto de amor al de conformidad y sacrificio, a pesar de que las edades sean pocas o entradas en años, me pregunté, ¿ porqué estas personas, en su mayoría con carreras profesionales exitosas, algunas incluso jefas de hogar, permitían que el ser amadas o mal amadas determinara su sentido de vida pudiendo esto opacar los éxitos proporcionados por sus otras ocupaciones?
Durante mucho tiempo la idea de que la mujer existe por y para el hombre fue propagada generación tras generación. Desde que la niña nacía era determinada por este rol que se medía entre la atención a un hombre y la maternidad, dándole obsequios para que vaya aprendiendo a cocinar, y a cuidar bebés -aun hoy los juguetes de las niñas no se alejan mucho de ello-. Pero si prácticamente todas las mujeres han crecido dentro de este panorama, qué diferencia a unas de otras para que el amor ocupe lugares simbólicos distintos?
En varias ocasiones entre los claustros universitarios contemplaba expectante y esperanzada como se propagaba el germen de la existencia de la nueva mujer. De la mujer emancipada, autónoma y exitosa que se alejaba, y en algunos casos casi que se oponía al rol de la mujer que la historia nos ofrecía, sacándo a "la gran mujer" de detras del hombre para ponerla a su lado, hombro a hombro, de igual a igual. En ese entonces creía que el cambio era inevitable. Quién se podría resistir a tan seductoras ideas? Sin embargo en la medida en que hubo mas hacer y menos estudiar, me fui dando cuenta que si bien los esfuerzos de muchas mujeres han abierto nuevas puertas y han derrumbado grandes límites sociales (dando pasos gigantes hacia la posibilidad de equidad), el cambio necesario hoy por hoy no radica ya en el límite social como tal, sino en las puertas simbólicas cerradas por algunas miradas y temidas por otras.
La conciliación y el encuentro entre los imaginarios que acompañaron década tras década la historia, parecen no querer compaginarse con los nuevos conceptos que demanda la sociedad femenina, harta de estar en un lugar subvalorado, pero al mismo tiempo sin la intención de renunciar a la búsqueda de amor como requisito para la felicidad.

En muchos artículos escritoras y escritores plantean que a nivel de género estamos en una nueva era donde la equidad está al alcance de todos... pero quienes somos todos? En esta actualidad apresurada, instantánea, rápida, o como lo diría Bauman “líquida”, si todo muta continuamente el “todos” también muta?
En esta época donde las funciones del horno microondas se han transferido a la cotidianeidad llevándonos a vivir contra reloj, cociendo muy rápido las experiencias, los recuerdos y de la misma manera acabando con ellos rápidamente, ¿Cómo conciliar estas nuevas demandas con las antiguas nostalgias del amor duradero, haciendo las renuncias necesarias para dar paso a nuevas formas de darle sentido a la vida sin que el amor sea el eje pero permitiéndole ser el impulso?

Renuncias... un término muy conocido en el amor tradicional donde el sacrificio implicaba vivir el amor... pero en realidad la renuncia no significa la negación de si misma por la existencia plena o parcialmente plena del otro, la renuncia es un acto totalmente cotidiano que enviste la otra cara de la moneda de la decisión, toda decisión implica una renuncia, y toda renuncia implica a su vez una ganancia. No hay blanco sin renunciar al negro, no hay sueño sin renunciar a la vigilia, no hay encuentro sin renunciar a nuestro lugar para acercarnos a un punto donde un otro se acerca a su vez para ver-nos.Y toda relación hoy por hoy implica ese ver-nos... ese no ir a ver al otro, sino llegar a un punto donde mutuamente nos vemos.
Tanto las mujeres como los hombres hemos vivido en las últimas décadas ciertas renuncias que nos llevan a mutar los conceptos de ser y relacionarnos, y con ellos los conceptos sobre el amor. Ya muchas mujeres dejaron de fantasearse como “la mujer” del “el hombre” para fantasearse como la mujer de sí misma, aceptando que amar implica ser tan genuina y autónoma como para poder complementar vitalmente a otra persona. Aceptando que para ser dos hay que ser primero uno y uno que aporten a la suma.
Actualmente no es posible concebir el amor sin renunciar a la idea fantasiosa de dos que son uno solo (por lo general el uno solo que son es quien engulle al otro) dejando de lado el canibalismo y optando por la construcción y los encuentros caracterizados por la solidaridad y el respeto de ser.
Éste camino no se ha alcanzado ni se alcanzará sólo con la fuerza vital de la mujer actual que demanda otras maneras de ser amada, sino que es necesaria la participación del otro, de una pareja que decida y acepte participar de la construcción de un vínculo mas equitativo, con las renuncias necesarias para no devorar al otro... un vínculo mas humano.