Las mujeres NO pedimos morir
Por: Psi. Juliana Eraso
En el fondo siempre me he considerado una mujer miedosa. No sé si sea manifiesto o si la mayoría de gente a mi alrededor no lo note, pero a menudo ese vacío en el estómago que sube por el torso y cierra el pecho me visita. Algunos motivos los refiero a mi privacidad, otros son ya bien conocidos como mi temor a las cucarachas que prácticamente me paraliza, pero otros en cambio se confunden con rabia pues su presencia lejos de paralizarme, despierta en mi rechazo, enojo, encendiendo la necesidad de interferir en búsqueda de una situación más conveniente, aunque generalmente terminan en frustración y tristeza. Como la que he sentido hace ya un tiempo al leer los comentarios de lectores que siguen historias y casos de feminicidios, como el de Mónica Rocha.
En el fondo siempre me he considerado una mujer miedosa. No sé si sea manifiesto o si la mayoría de gente a mi alrededor no lo note, pero a menudo ese vacío en el estómago que sube por el torso y cierra el pecho me visita. Algunos motivos los refiero a mi privacidad, otros son ya bien conocidos como mi temor a las cucarachas que prácticamente me paraliza, pero otros en cambio se confunden con rabia pues su presencia lejos de paralizarme, despierta en mi rechazo, enojo, encendiendo la necesidad de interferir en búsqueda de una situación más conveniente, aunque generalmente terminan en frustración y tristeza. Como la que he sentido hace ya un tiempo al leer los comentarios de lectores que siguen historias y casos de feminicidios, como el de Mónica Rocha.
Así es, la violencia contra las mujeres me asusta y particularmente los feminicidios
me aterran. Abro los diarios en la mañana interesada en saber cómo transcurre
la vida fuera de las 4 paredes de casa y entonces brota el deseo de no
encontrar un caso nuevo publicado o un caso avanzado obstaculizado por la ciega
y elitista justicia de nuestro país. Pero entonces ahí está, el articulo
temido, una vez más una audiencia aplazada porque quizás los casi 8 meses no
hayan sido suficientes para que los jueces encargados obtengan un espacio con
sillas suficientes para llevarla a cabo, o porque la defensa no ha dado con la
prueba psiquiátrica que declare al asesino inimputable. Y no siendo esto
suficiente aparecen las opiniones de las y los lectores: "Eso le pasa por meterse con ñeros"
"Y qué hacía una mujer de 40 con un tipo de 20" "Pero para que
da papaya saliendo sola" "habría que ver cómo iba vestida".
Estomago cerrado, asco, rechazo, rabia. Acaso alguien de verdad piensa que una diferencia
de estrato, de edad o una fachada justifican un asesinato? como si socializar
con alguien diferente a ti fuese un delito...
Ese mismo día en otro periódico aparece otra
noticia, muere una chica mientras peleaba con su novio. Los comentarios no se
hicieron esperar: "Eso le pasa por
interesada, las viejas solo se meten con tipos de plata y luego les pasa
eso" "Quien sabe que estaban metiendo porque los hijos de los ricos
son los mas drogos" "Que le habrá hecho al tipo para que la botara
por ahí"
Si, ahí corroboré lo que siempre hemos
sabido, no es una cuestión de clase, no. No se trata de cuan educado o cuanto
capital tuviese el ejecutor, la responsabilidad y la causal eran de la víctima
puntualmente de la mujer, porque en este
país no hay que educar a los hombres para que no nos maten, sino a nosotras las
mujeres para que nos encerremos privándonos de la libertad.
Aún escribiendo estas líneas me parece
absurdo que puedan haber comentarios cuestionando a la víctima como si alguien
por voluntad pidiese ser asesinada.
Frente esta sensación aterradora preferí
explorar la situación, así que empecé a cuestionarme si realmente se trataba
sólo de prejuicios. Decidí preguntar por la sensación que esas noticias le
generaban a las personas y entonces algo surgió: si juzgo a la victima por hacer cosas "malas" que provocaron
que le mataran, entonces niego el peligro real al que todos estamos expuestos y
me genero la fantasía de que mientras no haga "eso" a mi no me pasa.
Así es, tod@s estamos aterrados, tanto que
con tal de sentir un mínimo de seguridad, fingimos que es obvio o justificable
algo tan absurdo, como la psicopática forma de pensar el deseo de algunos
hombres combinada con las ideologías de que las mujeres como objeto estamos al
servicio del deseo masculino.
Entonces ahora surge la tristeza, pues una sociedad que juzga a sus víctimas en lugar
de asumir las fracturas sociales, perpetúa por omisión las prácticas violentas
y dañinas. Ese es el peligro que generan los
prejuicios, nos llevan a juzgar el color turbio del agua en la que nadamos
siendo peces, como si fuésemos aves. Esta situación empeora cada vez más la
realidad que vivimos las mujeres en Colombia.
Nosotras NO somos culpables de los deseos y las patológicas obsesiones que
se generan en otras personas, NO
somos culpables de que los hombres se sientan con el poder de accedernos y transgredirnos
solo por su incapacidad de controlar sus impulsos, NO somos culpables de que algunas personas no toleren la
frustración y se enfurezcan al recibir un no por respuesta.
NOSOTRAS
NO QUEREMOS MORIR.
