¿Quién sale del closet? Hablemos claro.


Por: Psi. Juliana Eraso

Salir del closet es una expresión que proviene del modismo anglosajón to have a skeleton in the closet, que traduce tener un muerto en el armario, y significa tener algo vergonzoso que pesa, que huele mal con el tiempo, que no tiene vida.
Actualmente esta expresión se emplea para aludir al acto de hacer pública una orientación sexual diversa, asociándola al peso del “secreto” que se carga particularmente frente a las familias o los más cercanos, y a lo “apestosa” socialmente hablando que pueda ser la noticia y la situación.


Pero seamos honestos, hoy por hoy, sumergidos en un mundo que se jacta de progresista y abierto podemos hablar sin tapujos. Primero hay que decir que no todas las personas diversas tienen closet, pues quienes han tenido la fortuna de vivir en ambientes familiares y sociales respetuosos no han sentido la necesidad de esconderse. Segundo, en los casos donde si hay un closet, ¿a quién pertenece el muerto del armario?

“El muerto” no debería representar a la noticia sobre la diversidad sexual de una persona. Es más, si esta noticia se asemeja a algo sería a una joya y si debería estar protegida en algún lugar sería en un cofre, similar al de un tesoro, pues hace alusión al acto de querer, depositar afecto, vincularse con el otro, al amar, lo cual está más cerca de la vida que de la muerte. Sin embargo, aún existen muchos casos en los que estas noticias vienen acompañadas de reacciones violentas, adversas, producto del ego ajeno, de la intolerancia, el irrespeto y la incomprensión prejuiciosa de quienes rodean a la persona… y esto sí que apesta, esto sí que pesa, esto sí que mata… mata los vínculos, golpea el corazón y desestabiliza la convivencia.

Quien sale del closet no es el sujeto –pues no tiene nada de qué avergonzarse- es la familia, y el círculo social implicado, quienes una vez involucrados en estos casos, abandonan el discurso políticamente correcto de “esas personas tienen derechos” para que los prejuicios violentos broten a borbotones incontrolablemente. 
Los prejuicios sociales apestan. La intolerancia y el irrespeto matan. Los estigmas sociales sobre las personas diversas SÍ son realmente vergonzosos y sí deben ser tratados como muertos, pues en un mundo tan diverso su vigencia no tiene sentido.

Entonces, que tal si hablamos claro y empezamos a tratar la libertad del ser como lo que es, un tesoro. ¿Qué tal si dejamos de poner el peso donde NO corresponde?¿ Qué tal si en lugar de justificar o hacernos los “ciegos” con los prejuicios,  los miramos de frente para confrontarlos? 
Mientras no seamos honestos al hablar de prejuicios, difícilmente construiremos una sociedad basada en el respeto y mientras esto no ocurra, difícilmente lograremos una sociedad pacífica.

¿Queremos vivir en paz? Abramos el closet donde realmente tenemos muertos, saquemos los prejuicios y reflexionemos.